
En enero de 1959, un grupo de diez excursionistas soviéticos emprendió una travesía por los montes Urales. Eran jóvenes, expertos en montaña y esquí, y estaban dirigidos por Igor Dyatlov. Su objetivo era llegar al monte Otorten, una de las rutas más difíciles de la zona. Pero uno de ellos enfermó y regresó antes de que empezara la parte más dura del viaje. Sin saberlo, fue el único que sobrevivió.
El 1 de febrero montaron su tienda en la ladera de una montaña llamada Jólat Siajl, cuyo nombre puede traducirse como “Montaña Muerta”. El lugar estaba completamente expuesto al viento, la nieve y temperaturas extremas. Aquella sería su última noche.
Semanas después, al ver que no regresaban, comenzaron las búsquedas. Lo primero que encontraron fue la tienda, parcialmente enterrada bajo la nieve y rasgada desde dentro, como si quienes estaban dentro hubieran intentado escapar a toda prisa. Sus huellas bajaban montaña abajo hacia un bosque cercano. Lo extraño es que parecían haber salido andando, no corriendo.
Los dos primeros cuerpos aparecieron junto a los restos de una hoguera, descalzos y apenas vestidos pese al frío extremo. Cerca de ellos encontraron otros tres cadáveres, como si hubieran intentado regresar a la tienda y se hubieran desplomado en el camino. Los cuatro últimos aparecieron meses después, enterrados bajo la nieve, en una zona cercana a un arroyo.
Algunos presentaban lesiones muy extrañas: fracturas en el cráneo, costillas rotas y heridas internas gravísimas, pero sin apenas señales externas. Una de las excursionistas apareció sin lengua y otros cuerpos tenían daños en ojos y rostro. También se detectó radiación en parte de la ropa. Todo eso alimentó teorías de todo tipo: experimentos militares soviéticos, ataques de animales, presos fugados, ovnis, yetis o incluso que habían huido de algo que jamás se llegó a identificar.
Durante décadas, el caso quedó oficialmente sin resolver. La explicación original hablaba de una “fuerza natural desconocida”. Sin embargo, investigaciones más recientes apuntan a que probablemente una pequeña avalancha o un deslizamiento de nieve dañó la tienda durante la noche. Eso habría obligado al grupo a salir deprisa, mal vestidos, en medio de una tormenta brutal, con temperaturas cercanas a los -30 grados y vientos huracanados. Algunos habrían muerto de hipotermia y otros, al caer o quedar aplastados por la nieve.
Pero lo que sigue haciendo tan inquietante esta historia no es solo cómo murieron, sino por qué nueve personas experimentadas abandonaron la seguridad de su tienda en plena noche, descalzos y prácticamente sin ropa, sabiendo que fuera solo les esperaba una muerte segura.





