Durante décadas, la conversación sobre animación cinematográfica ha estado dominada por dos nombres: Disney y Pixar. Su poder creativo y su capacidad de marketing son innegables. Pero el mundo de la animación es vastísimo y, más allá de esos dos gigantes, existe un universo de estudios, directores y tradiciones que producen algunas de las películas más originales, emocionantes y artísticamente ambiciosas que se pueden ver hoy en cualquier pantalla.
Studio Ghibli: el gran referente alternativo
Si hay un estudio que ha conseguido competir con Disney en legado emocional y reconocimiento mundial es Studio Ghibli, la casa japonesa fundada por Hayao Miyazaki e Isao Takahata. El viaje de Chihiro (2001) sigue siendo la película de animación no anglosajona más taquillera de la historia y ganó el Oscar a mejor película de animación en 2003. Mi vecino Totoro, La tumba de las luciérnagas, El castillo ambulante y La princesa Mononoke son películas que han formado a generaciones enteras de espectadores en todo el mundo.
Lo que hace único a Ghibli es su negativa a seguir las convenciones narrativas y visuales del cine de animación occidental. Sus historias no siempre tienen un villano claramente definido. Sus protagonistas cometen errores y no siempre los remedian completamente. La naturaleza no es un decorado sino una presencia activa. Y la animación —dibujada a mano hasta hace relativamente poco— tiene una textura y una calidez que la animación 3D por ordenador todavía no ha logrado replicar.
Laika: animación stop-motion que desafía lo posible
El estudio americano Laika ha construido una filmografía pequeña en número pero extraordinaria en calidad. Coraline (2009), ParaNorman (2012), The Boxtrolls (2014), Kubo y las dos cuerdas mágicas (2016) y Missing Link (2019) son todas películas de stop-motion —con muñecos físicos fotografiados imagen a imagen— que combinan técnica artesanal y tecnología punta de manera que ningún otro estudio ha conseguido igualar.
Cada fotograma de una película de Laika es una fotografía de una maqueta física que puede haber requerido semanas de trabajo. El resultado es una estética única, táctil y casi mágica, que hace que las películas del estudio sean visualmente inconfundibles. Kubo y las dos cuerdas mágicas, en particular, es una de las películas de animación más hermosas de la historia del cine, además de una historia profundamente emocionante sobre la memoria y el duelo.
DreamWorks Animation: el eterno rival infravalorado
DreamWorks Animation ha vivido siempre a la sombra de Disney y Pixar, pero su catálogo incluye algunas de las franquicias de animación más queridas de los últimos 25 años. Shrek —especialmente las dos primeras entregas— fue una revolución: no solo técnica, sino también narrativa y tonal, con una ironía y una subversión de los clichés del cuento de hadas que Pixar nunca se habría atrevido a hacer en aquel momento.
Cómo entrenar a tu dragón es, para muchos, la trilogía de animación más emocionalmente completa de los últimos veinte años. El príncipe de Egipto (1998) sigue siendo uno de los musicales de animación más ambiciosos jamás producidos. Y Puss in Boots: The Last Wish (2022) demostró que DreamWorks puede innovar visualmente cuando quiere, con un estilo que mezcla animación 3D con la estética del cómic y el libro ilustrado de manera que parecía imposible.
El cine de animación europeo: un tesoro poco conocido
Europa produce animación de altísimo nivel que rara vez llega con la visibilidad que merece a los mercados hispanohablantes. La ilusión perdida, las producciones del estudio francés Cartoon Saloon —El secreto del libro de Kells, La canción del mar, Wolfwalkers— o las películas del checo Jiří Trnka representan tradiciones animadas con siglos de historia artística detrás.
Cartoon Saloon en particular merece una mención especial. Este pequeño estudio irlandés ha conseguido tres nominaciones al Oscar con presupuestos que son una fracción de los de sus competidores americanos. Su animación, inspirada en la ilustración medieval y el arte celta, es absolutamente inconfundible y sus historias tienen una profundidad emocional y cultural que trasciende las barreras del idioma y la cultura.
El anime como cine de animación: el salto a la gran pantalla
El anime japonés ha producido algunas de las películas de animación más visualmente innovadoras de los últimos años. Your Name (2016) y Suzume (2022) de Makoto Shinkai son fenómenos globales que recaudaron cientos de millones en todo el mundo. Demon Slayer: Mugen Train se convirtió en la película japonesa más taquillera de la historia cuando se estrenó en 2020. El estudio Trigger, con Kill la Kill y Promare, representa la vanguardia visual del anime contemporáneo.
La línea entre anime y cine de animación convencional es cada vez más difusa para el público occidental, lo que ha abierto estas obras a audiencias que hace una década nunca habrían visto una película de animación japonesa.
Por qué merece la pena explorar más allá de lo conocido
La animación que sale de los circuitos habituales no tiene menos ambición ni menos cuidado que los grandes estudios americanos. En muchos casos tiene más, precisamente porque no cuenta con el colchón financiero que permite el error. Cada película de Laika, cada producción de Cartoon Saloon, cada largometraje de Ghibli es el resultado de años de trabajo obsesivo de personas que eligieron la animación no como industria sino como vocación.
Darle una oportunidad a cualquiera de las películas mencionadas en este artículo es, casi con certeza, descubrir que la animación tiene mucho más que ofrecer de lo que Disney y Pixar —con todo su talento— pueden abarcar solos.
🛒 Películas de animación imprescindibles
- El viaje de Chihiro – Blu-ray Edición Especial — La obra maestra de Miyazaki y Studio Ghibli, ganadora del Oscar a mejor película de animación
- Klaus – Steelbook 4K — La reinvención de la animación 2D de Netflix que enamoró a crítica y público por igual
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