Un tío usó ChatGPT para crear una vacuna personalizada contra el cáncer para su perro, y funcionó

Hay historias que parecen de película y resultan ser completamente reales. Esta es una de ellas. En 2024, los veterinarios le dijeron a Paul Conyngham que su perra Rosie, una Staffordshire Bull Terrier de ocho años rescatada de un refugio de Sídney, tenía entre uno y seis meses de vida. Cáncer de mastocitos avanzado. Cirugía. Quimioterapia. Sin respuesta.

La mayoría de las personas en ese punto lloran, se resignan y preparan el último paseo. Paul abrió ChatGPT.

El ingeniero de datos que no aceptó el diagnóstico

Conyngham es científico de datos e ingeniero de machine learning con 17 años de experiencia, aunque sin ningún tipo de formación en biología ni medicina.  Eso no le pareció un impedimento. Lo que tenía claro es que el cáncer es, en el fondo, un problema de datos: células con instrucciones genéticas erróneas que el cuerpo no sabe atacar.

Pagó 3.000 dólares para secuenciar el ADN del tumor de Rosie en el Centro de Genómica Ramaciotti de la Universidad de Nueva Gales del Sur.  Con esos datos en mano, empezó a construir algo que nadie había hecho antes.

ChatGPT como asistente de investigación oncológica

Usó ChatGPT y AlphaFold, un programa de IA desarrollado por Google DeepMind, para analizar las estructuras de proteínas asociadas al cáncer y diseñar una vacuna personalizada. 

Su plan seguía una lógica clara: en lugar de usar un fármaco genérico, estudiar el cáncer específico de Rosie para construir un tratamiento a medida.  Como él mismo lo explicó, la diferencia entre un misil guiado y una alfombra de bombas.

También utilizó sus propios algoritmos de machine learning para la selección de neoantigenos, identificando qué proteínas mutadas tendrían más probabilidades de activar una respuesta inmune. 

El resultado de todo ese trabajo fue media página de código genético. Con eso fue a llamar a la puerta de los científicos.

La universidad que dijo que sí

El profesor Pall Thordarson, director del Instituto de ARN de la Universidad de Nueva Gales del Sur, tomó los datos de Conyngham y fabricó una vacuna de ARNm personalizada en menos de dos meses.

Eso es notable. El desarrollo tradicional de un fármaco puede tardar una década. Aquí, desde que se finalizó la secuencia hasta tener la vacuna lista, pasaron menos de ocho semanas.

Conyngham condujo diez horas hasta Gatton, Queensland, en diciembre de 2025 para que Rosie recibiera su primera inyección. Volvió para el refuerzo en enero de 2026. 

Los resultados: «Santo cielo, funcionó»

En un mes, el tumor principal en la pata de Rosie había encogido aproximadamente un 75%. Un profesor asociado que observó los resultados exclamó: «Fue como… santo cielo, funcionó.» 

Rosie, que en diciembre apenas podía moverse, en enero ya saltaba una valla persiguiendo un conejo. 

Según el propio Thordarson, «esto es la primera vez que se ha diseñado una vacuna personalizada contra el cáncer para un perro», y añadió que lo que Rosie está enseñando al mundo es que la medicina personalizada puede ser muy efectiva y realizarse en poco tiempo gracias a la tecnología de ARNm.

¿Qué significa esto más allá de Rosie?

Los investigadores son cautos, y con razón. Un perro no es un ensayo clínico. Los tumores de mastocitos pueden encoger espontáneamente en casos raros, y una muestra de uno no demuestra nada de forma científica. Para llegar a los humanos, este tipo de tratamiento requeriría años de regulación y cientos de millones de dólares en pruebas.

Pero hay algo que este caso sí demuestra sin lugar a dudas: los ingredientes básicos de la medicina personalizada de alto nivel se están volviendo más accesibles. Un propietario motivado puede encargar la secuenciación del ADN de un tumor, pedirle a una IA que lo ayude a interpretarlo y colaborar con un laboratorio académico para convertir esa interpretación en una vacuna de ARNm. 

El mercado global de terapéuticos de ARNm estaba valorado en aproximadamente 7.700 millones de dólares en 2025, con compañías como Moderna y Merck ya trabajando en vacunas personalizadas contra el cáncer para humanos. Lo que Rosie ha demostrado es que el proceso puede comprimirse de años a meses con las herramientas de IA disponibles hoy de forma gratuita.

Conyngham ya está trabajando en una segunda vacuna dirigida contra un tumor que no respondió al primer tratamiento. Y está explorando cómo otros dueños de perros podrían acceder al mismo proceso.

Una perra rescatada de un refugio y un chatbot. Quizás no sea tan mala combinación para cambiar el futuro de la oncología.