El 7 de febrero de 2017, LaMelo Ball, con solo 15 años, jugaba para Chino Hills High School (California). Aquella tarde entró en los libros del baloncesto al anotar 92 puntos en la victoria 146-123 frente a Los Osos High School.
Su hoja de tiro fue asombrosa:
- 30 de 39 en tiros de 2 puntos
- 7 de 22 en triples
- 11 de 14 en tiros libres
Dedicó su hazaña a una compañera de clase hospitalizada, gesto que le valió el cariño del público. Sin embargo, el partido también generó polémica: algunos críticos lo acusaron de “cherry-picking” (esperar en media cancha a que el equipo recuperara la pelota) y de mostrar escasa defensa.
Aun así, el mundo ya sabía quién era LaMelo Ball, el pequeño de la familia Ball, destinado a seguir los pasos de Lonzo y LiAngelo.
De la fama viral al profesionalismo
Tras aquel partido histórico, LaMelo rompió el molde del camino universitario clásico y se marchó a Lituania con el BC Prienai, convirtiéndose en jugador profesional antes de cumplir los 17.
Más tarde se unió a la liga australiana NBL con los Illawarra Hawks, donde ganó experiencia real frente a adultos y consolidó su candidatura para la NBA.
En el Draft 2020, los Charlotte Hornets lo seleccionaron en la tercera posición. En su temporada de novato promedió 15,7 puntos, 6,1 asistencias y 5,9 rebotes, logrando el Rookie of the Year 2021.
Era oficial: la apuesta había salido bien.
El talento es indiscutible, la regularidad no tanto
Durante sus primeras temporadas, LaMelo demostró una visión de juego extraordinaria. Su estilo combina instinto de pase, improvisación y una confianza casi artística para anotar desde cualquier ángulo.
Su media rondó los 20–23 puntos por partido entre 2022 y 2024, con destellos de auténtica estrella.
Pero las lesiones comenzaron a interferir en su progreso:
- 2022: problemas de muñeca.
- 2023–2024: lesiones de tobillo que lo apartaron gran parte del curso.
- Su porcentaje de tiro bajó hasta el 41 %, y su defensa sigue siendo su punto débil.
Aun así, cuando está sano, LaMelo Ball sigue siendo el motor ofensivo de los Hornets, con un estilo que mezcla creatividad y descaro en partes iguales.
Un futuro en pausa, pero aún brillante
A sus 24 años, Ball ya ha demostrado que puede dominar partidos y ser líder de una franquicia joven. Sin embargo, su evolución depende de dos factores clave:
- Mantenerse saludable.
- Mejorar su consistencia en el tiro y en defensa.
Si consigue estabilizar esos aspectos, su techo está lejos de haberse alcanzado. La NBA actual valora tanto el espectáculo como la eficacia, y LaMelo —con su estilo único— representa justo eso: un jugador capaz de convertir un partido común en un show.
De la promesa viral al desafío de madurar
Aquel adolescente que metió 92 puntos se ha convertido en una figura mediática, pero aún lucha por consolidar su legado deportivo. Las comparaciones con su hermano Lonzo Ball son inevitables, aunque las trayectorias han sido opuestas: LaMelo ha alcanzado el estrellato más rápido, pero también ha sufrido más altibajos físicos y anímicos.
Lo que está claro es que LaMelo Ball sigue siendo uno de los talentos más magnéticos de la NBA moderna. Si logra combinar disciplina con su talento natural, el futuro podría devolvernos al jugador que un día parecía capaz de romper cualquier récord.





