Hacer la compra parece una tarea sencilla… hasta que llega el momento decisivo: elegir la fila de la caja.
Tú miras a tu alrededor, calculas mentalmente: “esta señora solo tiene cuatro cosas”, “ese chico tiene el carro lleno”, “aquel cajero parece rápido”… Y sin saber cómo, terminas en la fila más lenta del supermercado.
¿Mala suerte? ¿Conspiración divina? ¿O simplemente la ley universal del supermercado?
🧠 Cuando la ciencia intentó resolverlo
No es broma: hay estudios que han intentado predecir qué fila avanza más rápido. Usaron desde teoría de colas hasta inteligencia artificial para analizar cuántos productos hay, la velocidad de cada cajero y el comportamiento de los clientes.
¿Conclusión?
👉 No hay una fórmula infalible.
Demasiadas variables, demasiados factores humanos. El caos reina en la caja.
La fila ideal no existe… pero las anécdotas sí.
🤦♂️ Los clásicos personajes del supermercado
Si vas al súper con frecuencia, sabrás que hay ciertos arquetipos que aparecen como por arte de magia:
- La señora que “no se da cuenta”: se mete delante de ti con la frase “uy, no te había visto” y 27 cupones descuento que va a revisar uno a uno.
- El cajero novato: cada producto es una odisea. “¿Dónde está el código?”, “¿Cómo se pasa este cupón?”. Pide ayuda tres veces y tú ya estás mirando la salida como si fuera la línea de meta.
- El turista confundido: llega a tu súper de toda la vida y empieza a decir que “en su país” se hace una sola cola. Lo malo es que intenta convencer a todos de cambiar el sistema en ese momento.
- El del pago sorpresa: cuando llega su turno se da cuenta de que “ha olvidado la cartera” o “va a pagar en monedas”.
- El del precio rebelde: justo su producto no pasa por el lector. El cajero llama al encargado, el encargado llama a otro… y tú envejeces cinco años.
⏱️ Estrategias que no sirven (pero igual usamos)
Confiesa: tú también tienes tus métodos.
- “Voy a la fila con menos personas” → mala idea: tres carros pequeños pueden tardar más que un carro grande.
- “Voy al cajero que parece rápido” → sí, hasta que justo en ese momento cambia el turno.
- “Sigo a la señora que parece organizada” → hasta que saca su monedero de la edad media.
No hay escapatoria. Siempre hay un imprevisto, un código perdido o una charla sobre el tiempo que alarga la espera.
🧮 Mi método (científicamente inútil, pero terapéutico)
Después de años de experiencia (y frustraciones), he desarrollado mi propio sistema para elegir fila:
- Evita los carros XXL. Si ves montañas de papel higiénico, garrafas y galletas, corre.
- Elige cajeros “veteranos”. Los nuevos pueden ser un poema.
- Observa la actitud del cliente frontal. Si tiene cara de duda o empieza a rebuscar en el bolso… mala señal.
- Mira si hay niños. Son impredecibles.
- No confíes en tu intuición. Te ha fallado demasiadas veces.
¿Funciona? No.
¿Me hace sentir mejor? Totalmente.
No hay algoritmo, IA ni cálculo que supere el caos humano de una caja de supermercado.
Pero, en el fondo, ahí está la gracia.
Esos pequeños dramas cotidianos —la señora que se cuela, el turista confundido, el cajero novato— hacen que la rutina tenga su toque de comedia.
Así que la próxima vez que te toque esperar más de la cuenta, respira… y piensa que acabas de ganar una nueva historia para contar.




