Japón tiene muchas excentricidades culturales, pero pocas han capturado la imaginación global como sus islas de gatos. Pequeñas comunidades donde los felinos superan en número a los humanos y se han convertido, con el tiempo, en símbolo turístico, cultural y hasta espiritual.
Las dos más famosas son Tashirojima y Aoshima.
Aunque a menudo se las mete en el mismo saco, su historia y situación actual son muy distintas.
Tashirojima: la isla donde los gatos traen buena suerte
Situada en la prefectura de Miyagi, Tashirojima es probablemente la isla de gatos más conocida de Japón. Aquí, los felinos no solo son mayoría, sino que están integrados en la identidad del lugar.
Origen del fenómeno
Históricamente, los gatos fueron introducidos para:
- proteger los cultivos de gusanos de seda
- controlar plagas en la pesca
Con el tiempo, se consolidó la creencia local de que los gatos traen prosperidad y buena fortuna, algo muy arraigado en el folclore japonés.
El santuario del gato
Uno de los elementos más singulares de la isla es el santuario dedicado a los gatos, donde los visitantes dejan ofrendas y rezos relacionados con:
- éxito económico
- salud
- buena suerte
Este detalle convirtió a Tashirojima en un destino muy popular antes de la pandemia, especialmente entre turistas japoneses.
Turismo controlado
A diferencia de otras islas:
- hay normas claras de convivencia
- los gatos están alimentados y controlados
- no se permite llevar perros
Aunque la población humana es mínima, el turismo está relativamente organizado, y la isla ha sabido usar su fama para sobrevivir al despoblamiento rural.
Aoshima: gatos por todas partes… y casi nadie más
Si Tashirojima es folclore y planificación, Aoshima es viralidad pura.
Ubicada en la prefectura de Ehime, Aoshima se hizo famosa cuando fotos y vídeos mostraron decenas de gatos invadiendo el puerto y las calles, con apenas una docena de habitantes humanos.
Cómo empezó todo
En Aoshima, los gatos llegaron para:
- controlar ratas en barcos pesqueros
El problema fue que:
- la población humana envejeció y disminuyó
- los gatos se reprodujeron sin control durante años
El resultado: una proporción extrema de gatos por habitante.
Sin infraestructura turística real
A diferencia de Tashirojima:
- no hay hoteles
- no hay restaurantes
- no hay tiendas
El ferry funciona pocas veces al día y la isla no está preparada para recibir turismo masivo. De hecho, las autoridades locales han pedido en varias ocasiones que se limite la visita.
El lado menos “cute” de las islas de gatos
Aunque Internet suele mostrar una versión idílica, la realidad es más compleja.
- Muchas islas sufren envejecimiento y abandono humano
- Se han implementado programas de esterilización para evitar superpoblación
- El objetivo actual no es atraer más gatos, sino mantener el equilibrio
En Aoshima, por ejemplo, se ha dejado claro que no se busca aumentar la colonia, sino cuidarla hasta que desaparezca de forma natural.
Por qué Japón permitió que esto ocurriera
Las islas de gatos son, en el fondo, un reflejo de varios problemas estructurales de Japón:
- despoblación rural
- envejecimiento extremo
- abandono de islas pequeñas
Los gatos no son la causa, sino la consecuencia visible de estos procesos.
¿Se pueden visitar hoy?
- Tashirojima: sí, con relativa normalidad
- Aoshima: posible, pero desaconsejado salvo visitas muy puntuales
En ambos casos:
- no se debe alimentar a los gatos sin permiso
- no se pueden llevar mascotas
- hay que respetar a los pocos residentes humanos
En resumen
- Tashirojima: isla organizada, gatos como símbolo cultural y turístico
- Aoshima: fenómeno viral, sin estructura turística y en declive humano
- Ambas muestran una cara única de Japón, mezcla de tradición, abandono y cultura animal
No son parques temáticos. Son lugares reales, con problemas reales, que Internet convirtió en leyenda.
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