Cuando volar gratis de por vida dejó de ser gratis: el curioso caso del pase ilimitado de American Airlines

En la década de los 80, en plena etapa de turbulencias financieras para el sector aéreo estadounidense, American Airlines decidió sacar de la chistera una idea tan arriesgada como brillante—al menos sobre el papel. Para recaudar dinero rápidamente, la compañía lanzó un pase de vuelos vitalicio que permitía viajar en primera clase, tantas veces como quisieras y a cualquier destino, por una cuota única de unos 250.000 dólares.

Sí, como suena: un bono infinito de avión. El sueño de cualquier viajero frecuente. O el error contable más caro de la historia de una aerolínea.

Lo mejor (o lo peor, según desde dónde se mire) es que varias personas lo compraron, pero una de ellas se convirtió en leyenda: Steven Rothstein, un banquero de Chicago que llevó el concepto de “vuelo ilimitado” a su máxima expresión.


El hombre que voló demasiado (y demasiado bien)

Rothstein adquirió el pase en 1987. Y desde ese mismo instante, decidió amortizarlo… con entusiasmo. Se calcula que realizó más de 10.000 vuelos durante unos veinte años, acumulando más de 30 millones de millas, viajando en primera clase como quien coge el autobús para ir al centro.

Entre sus anécdotas más conocidas se cuentan:

  • Viajar a otra ciudad solo para comer o ver a un amigo.
  • Reservar asientos para él y su acompañante casi a diario.
  • Usar vuelos como si fuera su despacho personal con alas.

En resumen: vivió durante dos décadas dentro de un avión. Y siempre en primera clase, claro.


El pase que se convirtió en un agujero financiero

En sus primeros años, American Airlines vio el programa como una buena maniobra para conseguir liquidez. Lo que no calcularon bien fue cuántos millones perderían por cada pasajero que exprimiera el pase hasta la última gota.

En el caso de Rothstein, la aerolínea estimó pérdidas superiores a 20 millones de dólares solo por él. Y a eso había que añadir las millas, upgrades, servicios y el segundo pase para acompañante que también adquirió por unos 150.000 dólares adicionales.

Para cuando la compañía se dio cuenta del desastre económico, ya era demasiado tarde.


El fin del billete infinito

A finales de los 2000, American Airlines decidió cortar por lo sano y canceló el pase de Rothstein, alegando diversos incumplimientos contractuales. Él llevó el caso a los tribunales por rescisión injustificada, aunque finalmente ambas partes llegaron a un acuerdo privado.

Lo cierto es que, tras este incidente, la aerolínea retiró cualquier posibilidad de ofrecer un pase vitalicio similar. No es para menos: si todos los clientes hubieran sido como Rothstein, American probablemente estaría volando… pero rumbo a la bancarrota.


¿Así que la historia es real?

Sí. No es una leyenda urbana ni un mito de internet. El pase existió, hubo gente que lo compró y algunos usuarios —muy pocos, pero muy intensos— lo utilizaron hasta límites insospechados.

Hoy en día, ninguna aerolínea en su sano juicio lanzaría algo parecido sin cláusulas ultraduras. El mundo del marketing permite soñar, pero también enseña que “ilimitado” puede convertirse en un agujero negro financiero si aparece alguien decidido a hacerlo realidad.



La historia del billete vitalicio de American Airlines es una mezcla perfecta de visión comercial, ingenuidad financiera y espíritu aventurero por parte del comprador. Un experimento de los 80 que terminó siendo una lección para la industria aeronáutica: antes de vender algo ilimitado, asegúrate de que nadie vaya a tomárselo demasiado en serio.