Cuando Nintendo lanzó Pokémon en los años 90, nadie podía imaginar que un título sobre atrapar criaturas adorables terminaría envuelto en debates teológicos, prohibiciones religiosas y declaraciones políticas. Pero eso es exactamente lo que ocurrió en Arabia Saudí, primero con los juegos clásicos… y décadas después con Pokémon GO.
Lo que para millones era un juego inocente, en Arabia Saudí se convirtió en un símbolo cultural controvertido, al punto de que llegó a circular la idea —convertida luego en meme global— de que “solo Alá puede hacer evolucionar”.
El origen de la polémica: la fatua contra Pokémon (2001)
En 2001, el Comité Permanente para la Investigación Científica y la Emisión de Fatuas de Arabia Saudí emitió un documento oficial prohibiendo Pokémon en el país. El motivo: consideraban que el juego promovía ideas contrarias al islam.
Los puntos más polémicos de la fatua fueron:
- La mecánica de “evolución”: según el texto, el concepto podía interpretarse como una aceptación del darwinismo, algo teológicamente sensible en ciertos sectores conservadores.
Aquí nació la frase irónica que después daría la vuelta al mundo:
“Solo Alá puede hacer evolucionar.” - Los símbolos presentes en cartas y juegos: se aseguraba que algunos iconos parecían estar relacionados con el sionismo o la estrella de David.
- El uso de juegos de azar: la dinámica de las cartas coleccionables fue comparada con apuestas, también prohibidas religiosamente.
- La promoción de valores ‘occidentales’: algunos personajes y comportamientos del anime eran vistos como contrarios a valores locales.
La decisión prohibió las cartas, el anime y cualquier mercancía oficial, convirtiendo a Pokémon en un fenómeno clandestino durante años.
La resurrección del conflicto con Pokémon GO (2016)
Cuando Pokémon GO se lanzó en 2016, la fiebre mundial por atrapar criaturas mediante realidad aumentada volvió a despertar tensiones en Arabia Saudí y en otros países de mayoría musulmana.
Los motivos esta vez fueron distintos, pero igual de intensos:
1. Seguridad y acceso a zonas prohibidas
Se alegó que el juego podría llevar a la población a entrar en áreas restringidas, instalaciones militares o zonas privadas.
2. Interés por datos geolocalizados
Se planteó la preocupación de que el juego recopilara información estratégica (un debate que ocurrió en todo el mundo, pero tuvo especial peso en países sensibles a temas de seguridad).
3. Reavivación de la fatua original
Aunque el organismo religioso aclaró después que la prohibición del 2001 no se aplicaba directamente al nuevo juego, muchos medios recuperaron los argumentos teológicos originales —incluida la famosa frase sobre la evolución— como si fueran actuales.
4. Influencia cultural
Para ciertos sectores, Pokémon GO representaba nuevamente una invasión cultural occidental, un entretenimiento que desviaba de valores tradicionales.
El resultado: el juego no fue oficialmente prohibido a nivel nacional, pero sí bloqueado o restringido en múltiples zonas.
Una polémica que se convirtió en meme global
La frase “Solo Alá puede hacer evolucionar”, que originalmente nació como una interpretación informal del espíritu de la fatua del 2001, se transformó en un meme viral en redes sociales. No era una cita literal del documento religioso, pero sí un resumen satírico que Internet adoptó rápidamente.
Se convirtió en símbolo de:
- la incomprensión entre videojuegos y sectores conservadores
- el choque cultural entre oriente y occidente
- la exageración con la que a veces se aborda la cultura pop
- la ironía de prohibir criaturas ficticias
Desde entonces, aparece periódicamente en debates sobre videojuegos, libertad cultural o censura.
¿Era realmente Pokémon un peligro?
Para la gran mayoría de jugadores y analistas, no. Pokémon siempre ha sido una franquicia centrada en la amistad, la exploración y la estrategia ligera.
Pero el caso demuestra algo interesante:
los videojuegos no son solo entretenimiento; también son artefactos culturales que chocan con creencias, valores y sensibilidades de cada región.
En Japón, Pokémon es casi patrimonio nacional.
En América, es parte del imaginario colectivo.
Pero en otras partes del mundo, ha sido visto como un símbolo problemático.
Un debate que dice más sobre la sociedad que sobre el juego
Lo más curioso es que Pokémon nunca buscó provocar.
Pero su éxito global hizo imposible evitar interpretaciones diversas.
El contraste entre realidades es evidente:
- Para algunos, Pikachu es el Mickey Mouse del anime.
- Para otros, es parte de una agenda moral cuestionable.
- Para los jugadores, Pokémon GO es ejercicio + nostalgia.
- Para ciertas autoridades, un riesgo social o ideológico.
La controversia nos recuerda que incluso los juegos más inocentes pueden convertirse en terreno de debate religioso y político.
Cierre abierto: ¿debate legítimo o sesgo cultural?
Aquí surge la pregunta que domina el tema:
¿Es esta oposición a Pokémon una forma válida de proteger tradiciones culturales… o es simplemente rechazo a lo desconocido, un miedo moral influenciado por religiosidad y percepción?
¿Fue un debate ético legítimo o solo un choque entre generaciones y culturas?





