En 1957, la Unión Soviética lanzó el Sputnik al espacio y Estados Unidos entró en pánico. En pocas semanas, el Congreso aprobó miles de millones en inversión en educación científica y tecnológica, creó la NASA y redefinió la competencia con la URSS como una carrera tecnológica existencial. Casi setenta años después, el lanzamiento en enero de 2025 de DeepSeek —el modelo de IA chino que igualó a GPT-4 con una fracción del coste— produjo en Washington una reacción de proporciones casi idénticas. La nueva guerra fría no se libra en el espacio: se libra en los chips, la inteligencia artificial y el control de las infraestructuras digitales críticas.
El chip como arma geopolítica
Todo comienza con los semiconductores. Los chips modernos —los procesadores que dan vida a smartphones, coches eléctricos, misiles de precisión, centros de datos y sistemas de IA— son el componente más estratégico de la economía global del siglo XXI. Y su cadena de producción es extraordinariamente concentrada y frágil.
El diseño de los chips más avanzados lo dominan empresas americanas: Nvidia, Qualcomm, AMD, Apple. La fabricación de los más sofisticados la monopoliza TSMC en Taiwán, con Samsung en Corea como único competidor real en el segmento más avanzado. Las máquinas de litografía ultravioleta extrema (EUV) necesarias para fabricar chips de última generación las produce exclusivamente ASML en los Países Bajos. Y el software de diseño (EDA) está controlado por tres empresas americanas: Synopsys, Cadence y Mentor.
Esta concentración geográfica tiene implicaciones estratégicas enormes. Taiwán fabrica aproximadamente el 90% de los chips más avanzados del mundo, y China lleva décadas considerando Taiwán como territorio propio. Una invasión —o incluso una crisis política severa— en el estrecho de Taiwán podría paralizar la economía global de una manera que ninguna otra crisis geopolítica podría igualar.
Las restricciones americanas y la respuesta china
La administración Biden inició en 2022 una política de restricciones a la exportación de chips y tecnología de fabricación de semiconductores a China sin precedentes en la historia del comercio internacional. El objetivo declarado era impedir que China pudiera desarrollar chips de alta gama con aplicaciones militares o de IA. El CHIPS Act de 2022 destinó 52.000 millones de dólares a relocalizar fabricación de semiconductores en suelo americano.
La administración Trump continuó y amplió estas restricciones desde 2025, añadiendo nuevas empresas chinas a las listas negras y presionando a aliados europeos y asiáticos para que hicieran lo mismo. ASML recibió la instrucción de dejar de vender sus máquinas EUV a China, un golpe potencialmente devastador para las ambiciones chinas de alcanzar la frontera tecnológica en fabricación de chips.
La respuesta china ha sido masiva: el gobierno ha destinado más de 150.000 millones de dólares en subsidios a su industria de semiconductores desde 2014, con una aceleración notable desde 2022. SMIC, el mayor fabricante de chips chino, ha logrado producir chips de 7 nanómetros pese a no tener acceso a las máquinas EUV de ASML, usando técnicas de múltiple exposición más antiguas. Es un logro técnico impresionante, aunque con costes mucho más altos y volúmenes mucho menores que TSMC.
La IA como campo de batalla central
Si los chips son la infraestructura, la inteligencia artificial es la carrera armamentística. EE.UU. y China son actualmente los dos únicos países con capacidades de IA frontier —modelos de lenguaje e imagen en la frontera del estado del arte— y ambos gobiernos tratan su desarrollo como una prioridad de seguridad nacional.
El lanzamiento de DeepSeek R1 en enero de 2025 fue un terremoto. Un equipo chino había entrenado un modelo comparable a los mejores de OpenAI usando chips Nvidia H800 —una versión reducida del H100 creada específicamente para cumplir con las restricciones de exportación— y con un coste estimado de 5-6 millones de dólares frente a los cientos de millones que costó GPT-4. La caída del 17% en la cotización de Nvidia en un solo día fue la medida del impacto en los mercados.
La consecuencia más importante de DeepSeek no es el modelo en sí: es la demostración de que las restricciones de chips no son suficientes para contener el avance chino en IA si los algoritmos y las técnicas de entrenamiento son lo suficientemente innovadores. La guerra tecnológica es más compleja de lo que cualquiera de los dos bandos quería reconocer.
Europa: ¿espectador o actor?
Europa ocupa una posición incómoda en este conflicto. No tiene campeones nacionales de IA frontier. Su único actor de relevancia global en semiconductores es ASML, que depende de cadenas de suministro globales para sus máquinas. La Chips Act europea, aprobada en 2023 con el objetivo de duplicar la cuota europea en producción global de chips al 20% para 2030, avanza más lento de lo esperado.
Al mismo tiempo, Europa tiene algunas palancas de poder subestimadas: la regulación (el AI Act europeo está estableciendo estándares que influyen en todo el mundo), el talento investigador (los mejores laboratorios de IA de DeepMind, Mistral y muchos otros son europeos o tienen raíces europeas) y el mercado (600 millones de consumidores que cualquier empresa global necesita). La pregunta es si Europa sabrá usar esas palancas estratégicamente o seguirá siendo el campo de batalla donde se libra la guerra entre otros.
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