Durante décadas, la industria informática ha buscado materiales más eficientes, baratos y sostenibles para fabricar componentes electrónicos. La memoria de las computadoras, basada principalmente en silicio, requiere procesos industriales complejos y costosos.
Ahora, un grupo de investigadores de Ohio State University ha probado algo completamente inesperado: utilizar hongos para crear memoria electrónica.
El resultado es tan extraño como prometedor: micelio de shiitake funcionando como un componente que recuerda información eléctrica.
Micelio de shiitake convertido en memoria electrónica
Los investigadores utilizaron el micelio de Shiitake, el entramado de filamentos microscópicos que forma la base del hongo.
Ese sistema de filamentos —conocidos como hifas— se comporta como una red natural extremadamente compleja, capaz de transmitir señales químicas y eléctricas dentro del organismo.
El equipo científico aprovechó precisamente esa propiedad.
El proceso fue relativamente sencillo:
- Cultivaron el micelio del hongo en condiciones controladas.
- Lo deshidrataron para hacerlo más rígido y estable.
- Insertaron electrodos en el material.
- Rehidrataron ligeramente la estructura.
El resultado fue un material biológico capaz de responder a estímulos eléctricos de manera reproducible.
Un comportamiento similar a un memristor
Lo interesante apareció al aplicar corriente eléctrica.
La red de hifas del micelio cambiaba su resistencia dependiendo del historial de corriente que había recibido previamente.
Este comportamiento coincide con el funcionamiento de un dispositivo conocido como Memristor.
Un memristor es un componente electrónico que “recuerda” estados pasados de corriente, algo fundamental para:
- memorias avanzadas
- circuitos neuromórficos
- hardware inspirado en el cerebro
En otras palabras, el hongo estaba actuando como un dispositivo de memoria biológica.
Rendimiento sorprendente para un material biológico
Los investigadores probaron el sistema como memoria volátil.
Los resultados fueron llamativos:
- hasta 5.850 cambios de estado por segundo
- aproximadamente 90 % de precisión
Cuando la frecuencia de operación aumentaba demasiado, el sistema podía compensarlo conectando más estructuras de micelio al circuito.
Esto recuerda a cómo el cerebro humano utiliza redes neuronales más amplias para manejar tareas complejas.
¿El inicio de computadoras vivas?
Aunque el experimento todavía está en fase temprana, la investigación abre escenarios muy interesantes.
Los materiales biológicos como el micelio tienen varias ventajas potenciales:
- biodegradables
- mucho más baratos de producir
- requieren menos energía y procesos industriales
- pueden crecer en laboratorio en lugar de fabricarse
En un mundo donde la producción de chips exige cada vez más recursos, este tipo de tecnologías podría ayudar a desarrollar hardware mucho más sostenible.
Computación inspirada en la naturaleza
La investigación también conecta con un campo emergente: la computación neuromórfica, que busca crear hardware inspirado en cómo funciona el cerebro.
En lugar de circuitos rígidos tradicionales, estos sistemas utilizan redes que:
- aprenden
- recuerdan
- se adaptan
El micelio de los hongos, con su red natural de hifas interconectadas, podría convertirse en un modelo interesante para este tipo de arquitectura.
Aún queda un largo camino
Por supuesto, estamos lejos de ver ordenadores hechos de hongos en casa.
El sistema todavía necesita mejoras importantes en:
- estabilidad
- velocidad
- integración con circuitos tradicionales
Pero como prueba de concepto, el experimento demuestra algo importante: la computación del futuro podría no estar limitada al silicio.
Durante décadas hemos pensado en las computadoras como máquinas hechas exclusivamente de metal, silicio y plástico.
Sin embargo, experimentos como este sugieren algo radicalmente distinto: hardware que crece, se adapta y se degrada de forma natural.
Quizá en el futuro no solo cultivemos alimentos o materiales…
sino también componentes para nuestras computadoras.





