La noticia que nunca queríamos leer ya es realidad:
Robe Iniesta, alma de Extremoduro y una de las voces más grandes del rock en castellano, ha muerto.
Hoy el rock suena más bajo, los bares están un poco más vacíos y muchos sentimos que se ha ido alguien de la familia, aunque nunca lo conociéramos en persona.
Su voz rota, sus letras llenas de barro y poesía y esa forma única de mezclar ternura, rabia y filosofía de calle lo convirtieron en algo más que un músico: fue refugio, desahogo y compañía para varias generaciones.
🌵 De Plasencia al mito del rock
Robe nació en Plasencia (Cáceres) y empezó desde abajo, tocando en grupos pequeños hasta que, a finales de los 80, fundó Extremoduro. A partir de ahí nada volvió a ser igual: el “rock transgresivo” se convirtió en la banda sonora de quienes no encajaban en la foto oficial.
Con Extremoduro llegaron discos que marcaron época:
“Rock transgresivo”, “Deltoya”, “Agila”, “Yo, minoría absoluta”, “La ley innata”, “Material defectuoso”, “Para todos los públicos”…
No eran solo álbumes: eran etapas de la vida.
Si te pillaron de adolescente, sabes que no los escuchabas, los vivías.
Si te pillaron de mayor, te hicieron preguntarte cuándo dejaste de hacerle caso a lo que te pedía el alma.
🎧 Canciones que se quedan a vivir
Para entender quién fue Robe, basta repasar algunas de sus canciones:
- “Ama, ama y ensancha el alma”
- “La vereda de la puerta de atrás”
- “So payaso”
- “Standby”
- “Jesucristo García”
Son temas que han sido grito de rabia, abrazo en días malos, banda sonora de viajes interminables y fondo perfecto para noches que se alargaban más de la cuenta.
Y entre tantos versos, hay una frase que hoy suena casi como epitafio popular, sacada de “La vereda de la puerta de atrás”:
“Que me entierren con la picha por fuera
pa que se la coma un ratón.”
Bruta, exagerada, grosera… y al mismo tiempo profundamente suya.
En esa imagen hay mucho de Robe: reírse de la muerte, escupir sobre la solemnidad vacía y convertir lo escatológico en pura literatura callejera.
🌪️ Mucho más que Extremoduro: el Robe en solitario
Cuando Extremoduro se bajó de los escenarios, Robe no se refugió en la nostalgia. Siguió escribiendo como si acabara de empezar:
- “Lo que aletea en nuestras cabezas”
- “Destrozares, canciones para el final de los tiempos”
- “Mayéutica”
- “Se nos lleva el aire”
En sus discos en solitario sonaba un Robe más maduro, pero igual de libre: canciones largas, letras profundas, guitarras que se iban por caminos progresivos y una sensación clara en cada gira llena: este tío seguía en su mejor momento creativo.
🏅 Premios tardíos, respeto eterno
Durante muchos años fue el genio incómodo: el de la voz rota, las letras sucias y el rock de mala fama. Con el tiempo, los premios oficiales terminaron llegando: reconocimientos, medallas, titulares serios hablando del “poeta del rock en castellano”.
Pero sus verdaderos premios fueron otros:
✨ Ser la voz de quienes se sentían raros, fuera de lugar.
✨ Llenar estadios, pero también garitos pequeños donde sus canciones sonaban más fuerte que las conversaciones.
✨ Conseguir que gente que no se leía un libro supiera de memoria versos enteros.
El sistema le acabó colocando medallas. La gente ya lo había coronado mucho antes.
💔 Lo que nos queda ahora
Con la muerte de Robe se va un tipo que convirtió la miseria en arte, el caos en versos y la resaca en filosofía. Pero se quedan muchas cosas:
🎧 Las canciones que siguen salvando noches.
🍻 Los amigos que hiciste gracias a su música.
🧠 Las frases que te hicieron replantearte tu vida en mitad de una borrachera.
🔥 Esa sensación de que no estabas solo, aunque todo pareciera irse a la mierda.
Hoy toca estar tristes, poner sus discos un poco más altos de lo normal y brindar por él.
Porque Robe se ha ido, sí, pero mientras haya alguien gritando “So payaso” a las cuatro de la mañana, no va a desaparecer del todo.
Robe, gracias por tanto.
Ama, ama… y ensancha el alma. 🖤🎶





