Un hábito que al principio odié… y ahora no quiero soltar
Confieso que al principio fue un acto casi masoquista. ¿Meterme en la ducha con agua helada por voluntad propia? Sonaba ridículo. Pero había leído sobre los beneficios, sobre cómo personas como Wim Hof lo promovían no solo como técnica de bienestar, sino casi como una filosofía de vida.
Así que hace ya unos meses empecé a probar: primero unos segundos, luego medio minuto, hasta que poco a poco pude aguantar un par de minutos bajo el chorro gélido. Y sí, ahora puedo decirlo con todas las letras: ducharme con agua fría ha mejorado mi vida más de lo que imaginaba.
💥 Beneficios que he notado personalmente
- Me siento más despierto, más alerta, más presente. Las duchas frías son como un golpe de realidad: no hay forma de distraerse. Te conectan con el momento.
- El estado de ánimo mejora. Aunque suene exagerado, termino la ducha sonriendo, incluso si empecé el día con el pie izquierdo.
- La piel y el cabello me lo agradecen. Menos resequedad, más brillo, menos necesidad de cremas o productos.
- Mi sistema inmunológico está más fuerte. Este año, ni un solo resfriado (y soy de los que pillan todo).
- Mayor resiliencia mental. Empezar el día venciendo algo incómodo crea una sensación de logro que me impulsa el resto del día.
😰 Pero llega el invierno…
Y lo sé: ahora viene lo difícil. El verano ya se fue y el frío empieza a colarse por las ventanas. ¿Quién quiere ducharse con agua helada cuando afuera hay 5 grados? Nadie, en su sano juicio. Pero es justo ahí donde el hábito demuestra su poder. Porque lo difícil es donde está el crecimiento.
☕ ¿Y el agua caliente?
No digo que el agua caliente sea el enemigo. A veces es un placer, un refugio. Pero si se convierte en rutina, también tiene sus contras:
- Relaja tanto que puede adormecer demasiado por la mañana. Te despiertas con sueño y te duchas con más sueño todavía.
- Puede resecar la piel. El agua muy caliente elimina aceites naturales, dejando la piel tirante.
- Y nos vuelve cómodos. Evitar la incomodidad siempre puede ser una trampa. Lo fácil rara vez lleva a lo extraordinario.
🌱 Una reflexión final
No se trata de convertir la ducha fría en un dogma. Se trata de elegir el desafío que te fortalece, de permitirte salir de tu zona de confort cada mañana, aunque solo sea por un minuto. Porque si puedes hacer eso, puedes con casi cualquier cosa durante el día.
Yo seguiré duchándome en agua fría, incluso con frío afuera. No por masoquismo, sino porque me recuerda que estoy vivo, que puedo decidir cómo empezar mis días, y que el bienestar no siempre viene envuelto en comodidad, sino en valentía.





