La ciencia detrás de la “música fúngica”
La sonificación de biodatos (o biodata sonification) es una técnica que convierte las señales eléctricas de organismos vivos en sonidos audibles. En otras palabras, traduce la bioelectricidad en música. En los últimos años, esta curiosa intersección entre ciencia y arte ha cobrado fuerza gracias a pioneros como Tarun Nayar, músico y exbiólogo canadiense creador del proyecto Modern Biology.
Nayar ha logrado algo insólito: hacer música con hongos. Conecta sus sintetizadores modulares directamente a setas y micelios para capturar sus impulsos eléctricos y transformarlos en melodías únicas. Su trabajo combina ciencia, arte y espiritualidad, proponiendo una forma de “escuchar” la vida invisible que habita en el bosque.
Tarun Nayar: el biólogo que escuchó cantar a los hongos
Durante la pandemia de 2020, Tarun Nayar experimentó por primera vez con la idea de conectar un sintetizador a una planta silvestre. Fascinado por las respuestas eléctricas que convertía en notas, continuó sus pruebas hasta descubrir que los hongos producían señales aún más impredecibles y rítmicas.
Desde entonces, ha llevado su laboratorio musical a bosques, parques e incluso restaurantes, donde “enchufa” hongos y plantas a sus sintetizadores para improvisar piezas sonoras en vivo. Nayar describe su trabajo como “una fusión de música, ciencia y espiritualidad”, un intento de reconectar con la naturaleza a través del sonido.
¿Cómo suenan los hongos?
Aunque los hongos no emiten sonidos audibles por sí mismos, sus procesos eléctricos internos —similares a los impulsos neuronales— pueden registrarse mediante electrodos. Estas microfluctuaciones se transforman en parámetros musicales que disparan notas, modulaciones o efectos en tiempo real.
El resultado es una música ambiental, impredecible y profundamente orgánica, con pulsos irregulares y texturas sonoras que recuerdan a los primeros experimentos electrónicos. Según Nayar, “cada especie de hongo tiene su propia personalidad sonora”: algunos emiten señales rítmicas, otros generan melodías caóticas y caprichosas.
Del impulso eléctrico al sonido: el equipo
Para transformar los datos eléctricos de los hongos en sonido, Nayar utiliza un biosensor —similar a un polígrafo modificado— que mide la resistencia eléctrica del organismo a través de dos electrodos.
Estas señales se envían a un sintetizador modular analógico, diseñado y construido por él mismo. Este sintetizador traduce las variaciones de voltaje en notas musicales o modulaciones tonales, creando así un diálogo entre el hongo y la máquina.
En sus actuaciones, Nayar se rodea de cables y dispositivos que recuerdan visualmente a un micelio, reforzando la conexión entre tecnología y naturaleza. En ocasiones complementa las grabaciones con bajos, pads o sonidos de campo, pero siempre mantiene como base los “latidos eléctricos” del hongo.
De la experimentación al fenómeno viral
Lo que comenzó como un experimento personal pronto se transformó en un fenómeno viral. Sus clips de hongos “haciendo música” superaron los 25 millones de visualizaciones en TikTok, y uno de sus videos más famosos —“Mushroom music ✨🍄 myco transmissions”— acumula más de 1,2 millones de vistas en YouTube.
El público, lejos de verlo como una rareza, se muestra cautivado por la posibilidad de escuchar el lenguaje oculto de la naturaleza.
Álbumes y piezas destacadas
Modern Biology no se limita a las redes: Nayar ha lanzado varios proyectos discográficos.
Su álbum Plant Music, Vol. 1 (2022) explora melodías generadas por plantas y hongos mezcladas con escalas clásicas de la música india, y su sencillo “Mushroom Dance” (2023) está inspirado íntegramente en los impulsos eléctricos de un hongo yesquero (red-belted conk).
Cada composición combina elementos naturales impredecibles con la sensibilidad humana, creando un puente entre lo biológico y lo artístico.
Ciencia, arte y espiritualidad entrelazados
Más allá del espectáculo, la música de hongos de Tarun Nayar simboliza una nueva forma de entender la conexión entre los seres vivos y la tecnología.
A través de la sonificación de biodatos, demuestra que incluso los organismos más silenciosos pueden revelar su ritmo interior si aprendemos a escuchar.
Como él mismo dice:
“No se trata solo de música. Hay un poco de ciencia y un poco de espiritualidad en todo esto.”





